A pesar de los agoreros, el carril bici va ganando usuarios

Con su saber popular la quiosquera hizo diana: “Lo que no se usa es lo que no se tiene”

Los tiempos avanzan que es una barbaridad. En ocasiones, nos traen cambios que incluso pueden suponer la recuperación de aspectos u objetos del pasado. Es exactamente lo que está pasando con los carriles bici durante los últimos años. Que a pesar de hallarnos en la era del coche, de alguna manera hemos dado hacia atrá al reloj para recuperar un vehículo sin motor del que casi nos habíamos olvidado, o elevado a la categoría de excepción como herramienta deportiva. Incluso en la hoy pujante China, donde los biciclos llegaron a ser el arma y el alma de la locomoción, éstos han ido cediendo prioridad al coche.

Y sin embargo, hete aquí que aún en esa tesitura, muchos han sido los factores que han venido a contribuir al avance progresivo de la recuperación del viejo vehículo de las dos ruedas y tracción humana, que países como Holanda comenzaron a rescatar como alternativa saludable al motor, y que en Andalucía, Sevilla y España fueron calando en la opinión pública y en los planes de los gobiernos, en particular los municipales, promovidos desde una reivindicación minotaria y muy sectorial, pero que a la larga se ha ido abriendo camino al extremo de que en ciudades llanas y de buena climatología como Sevilla, han conseguido un nivel de penetración tal, que hoy compiten como medio de desplazamiento con el resto, planteándose la ciudad incluso la necesidad de ampliar y mejorar la infraestructura.

Así, tarde y tímidamente la vía para ciclistas empezó a llegar a Mairena, nuestro pueblo, sobre los años finales de la década del 2000. En los pueblos somos poco dados a movernos a pie, a pesar de las cortas distancias. Tal es el tópico que nos acompaña, con su buena dosis de veracidad. Pero aún así, y más como el eco de una moda y al calor de las grandes obras de los años de vacas gordas en la construcción, el carril bici comenzó a ir llegando de manera casi obligada por políticamente correcta. Y empezamos a ver los primeros, que pronto por la crisis y la parálisis de la construcción sufrieron parón.

A pesar de todo, a partir de 2013 el Ayuntamiento de Mairena del Alcor, consciente de la imposibilidad de ralizar grandes obras por la parada general de las inversiones y la escasez de recursos, hizo una clara y acertada apuesta uniendo el destino de dicha infraestructura a unas obras que no debían ni podían detenerse: la siempre necesaria reestructuración de calles y avenidas. Así, se pusieron los huevos en la cesta de su avance, de tal modo que a pesar de las estrecheces del tiempo, fue durante el gobierno de la pasada Corporación 2011-15 cuando más kilómetros se construyeron, a la par que comparativamente con mayor amplitud y calidad, inevitables puntos negros al margen.

Un esfuerzo no sólo no reconocido por la oposición, sino que incluso se quiso tergiversar dándolo a la demagogia, la crítica inflada, y una cadena de ataques injustificados, particularmente durante la campaña electoral y en las redes sociales. Fue la eclosión de hordas con santo y seña socialista, ensañándose contra el carril con todas sus fuerzas. Se trataba de dar la vuelta a la realidad criticando algún punto desfavorecido de la vía ciclista, ya deslizando que se trataba de una infraestructura cara e innecesaria en su conjunto para tiempos de crisis, ya vociferando que se ocasionaban molestias innecesarias a los vecinos… En definitva, el típico intento de procurar que al gobierno “lo cogiera el toro de todas maneras”, como resumiría el castizo.

Constestar a tanta estulticia no entrañaba grandes dificultades, pero a menudo, y cuando se está en el gobierno, conviene optar por dejar correr un bulo que el tiempo desbaratará antes que desgastarse en la multiplicación de responder a todo lo que se le ocurra decir a la oposición, que por definición está para eso. Aunque, desde luego, con mesura y racionalidad. Más que nada por respeto a la inteligencia de algunos de los ciudadanos que contemplan, en ocasiones en “modo atónito”.  Se hubiera podido responder que ir haciendo el carril a la vez que se remozaban las calles, plazas, bulevares o avenidas no resultaba más caro que colocar pavimento o losas, que los puntos negros del trazado no son una peculiaridad de Mairena y su red, sino una dificultad que se da en todas las ciudades, impuesta por las complicaciones urbanas insalvables en determinados lugares. También se podía haber argumentado que era bueno para promover la salud y la movilidad como objetivo a largo plazo, fomentando los cambios de actitud en la gente y sus desplazamientos, en beneficio de la salud, el ocio, el deporte, o la contribución a la descongestión del tráfico, por poner algunos ejemplos. Pero no. Casi como presos del miedo y el pánico decidimos callar como viles pecadores, quizás ansiando en nuestros subconscientes el paso veloz del tiempo que nos trajera la confortable brisa del olvido.

De ese modo el inexorable tiempo fue pasando, calló el griterío, y hasta hubo algunos de nuestros concejales que no renovó en el cargo, verbigracia la sacrosanta voluntad popular. Pero aún así, y como El Cid de nuestra historiografía, ese concejal consiguió hace un puñado cosechar una victoria moral que ya no esperaba. Insisitimos, como El Cid “después de muerto”. Ocurrió guardaba cola ante un quiosco para comprar, observando para su satisfacción que no cesaban de pasar ciclistas de ambos sexos y variadas edades por la vía ciclista que por allí pasa. Sorprendido, cuando le llegó el turno requirió a la señora que vendía sobre el éxito del carril, mostrando su agrado ante el trasiego, que la vendedora confirmó zanjando su curiosidad con una frase contundente: “¿Que si se usa el carril bici? ¡Claro que se usa! Lo que no se usa es lo que no se tiene”. Menudo placer ver que el mejor juez es el tiempo, que no se equivoca dando o quitando razones sin contaminación espúrea.

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